lunes, 27 de febrero de 2012

Regreso a la universidad




Cuando ya lo había descartado regresé  a las aulas universitarias después de cinco años de ausencia. Una sola razón fue suficiente para convencerme que por más que rehuyera, mis compromisos con la educación siguen vigentes. Desde que dejé de impartir clases en el año 2007, nunca he dejado de estar en contacto con estudiantes. Las facilidades que brindan las nuevas tecnologías de información, permitieron que el cordón umbilical que me ligaba al estudiantado se mantuviera. El apoyo que brindé a la URACCAN en la creación de la carrera de comunicación, forjaron lazos indisolubles con esta prestigiosa casa de estudios del Caribe nicaragüense. La misma ayuda ofrecí en la cristalización de una de sus iniciativas más felices: la apertura de la Maestría en Comunicación Intercultural, donde fui invitado a impartir clases.

En diferentes momentos he confesado la pasión que siento por mis tres grandes amores: enseñar, leer y escribir. Provengo de una familia entregada en cuerpo y alma a la enseñanza. Por el lado paterno, maestros fueron mi abuelo Guillermo Rothschuh Cisneros, mi padre Guillermo Rothschuh Tablada y mis tías Liliana y Yolanda Rothschuh Tablada. Maestras han sido mi abuela materna, Berta Suárez de Villanueva, mi madre María Elba Villanueva y mi tía Berta del Socorro Villanueva. Crecí en una ciudad donde el magisterio de mi padre se hacía sentir por todos lados. Su escogencia como mejor maestro de Nicaragua por la Fundación Luisa Mercado y el otorgamiento del Doctorado Honoris Causa de  la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, fueron para mí el resultado natural de una vida entregada a la educación  primaria, secundaria y universitaria.

Las ofertas recibidas de al menos cuatro universidades, las rechacé convencido que en 2009 había cerrado mi ciclo académico. Las consultas y demandas estudiantiles, con quienes he mantenido relaciones de camaradería, tornaron inevitable mi regreso a la universidad. Una de sus críticas más severas se debe a que desean mayor entrega y una interlocución fluida con el profesorado. Al menos yo no puedo quejarme. Debo sentirme dichoso. Los centros de enseñanza pública nada tenían que envidiar a la educación privada. Durante mis estudios de secundaria y universitaria, encontré en algunos profesores, atención y respuesta a mis inquietudes intelectuales. Buscábamos y encontrábamos. Los jesuitas en la UCA eran capitanes con ejército, no como ahora en su mayoría generales sin tropas.

Si algo enorgullece a mi generación, fue haber encontrado en Dibar, Arríen, Caballero, Anitúa, Oyanguren, Arguello Hurtado, Martínez, Otaño, Cardenal, Uriarte, Enríquez, los López de la Fuente, etc., un conjunto de prominentes intelectuales, preocupados por nuestra formación integral. Uno podía conversar con el poeta Pablo Antonio Cuadra, Director del Departamento de Cultura. Igual podíamos hacer con Manolo Morales, Tito Castillo, Rodolfo Sandino Arguello, Edgard Sotomayor Valdivia, Guillermo Vargas Sandino, Danilo Manzanares, Roberto Ortiz Urbina, Oscar Tenorio y Gonzalo Solórzano Belli. Estos ejemplos bastan para conocer los abrevaderos donde nutrí y consolidé mi vocación y entrega a la educación universitaria. La UCA fue mi alma mater y donde laboré 33 años como docente.

Las exigencias académicas de los estudiantes de periodismo en Chontales, Boaco, León y Estelí; las demandas formuladas por los alumnos de periodismo y comunicación de Managua, Matagalpa y Bluefields, sabedores que contaban con mi ayuda cuando la necesitaran, fueron determinantes para fundar la Cátedra Abierta en la Universidad de Ciencias Comerciales. La Presidente de su Junta Directiva, Nejama Bergman Padilla y su Rector, Gilberto Bergman Padilla, me confiaron la responsabilidad de crear un foro educativo para las diferentes carreras que imparten en la UCC. Un lugar de reflexión, contraste, apertura crítica, contactos profesionales y conocimiento de la realidad nacional. Un sitio de encuentro para que su estudiantes dialoguen sin cortapisas con los principales actores de la vida del país.

La formación de su alumnado requería una instancia donde aprendieran a escuchar, preguntar, disentir, debatir y comprender que el espectro de las políticas nacionales está teñido de una enorme diversidad de colores. La multiplicidad de ideas, planteamientos, sugerencias, propuestas y acercamientos alrededor de un mismo tema –este año sobre el municipalismo y sus implicaciones para la vida nacional- ofrece al estudiantado una visión amplia y calificada e información de primera mano, en un año de elecciones municipales. La disertación inaugural del Ing. Dionisio Marenco, fue una especie de diagnóstico, proseguida de sugerencias puntuales acerca de los principales problemas que abaten la capital y el orden de prioridades, según su criterio, en que deben enfrentarse.                

La ponencia del Dr. Danilo Aguirre Solís versó acerca de la importancia de la institucionalidad en los procesos de gestación democrática y su incidencia en el desarrollo de las sociedades. La tercera Cátedra Abierta, bajo la responsabilidad del experto fiscal, Dr. Julio Francisco Báez, versó sobre un tema que ameritaba un análisis prolijo. Con enorme capacidad didáctica explicó cómo funcionan en la práctica la desconcentración y descentralización municipal, un nudo gordiano que merece atención especial por su incidencia en el desarrollo municipal. Despejó una de las interrogantes que afloran cada vez que se toca el tema del municipalismo, ¿Por qué los municipios son considerados como cenicientas de las reformas fiscales? Las municipalidades requieren de finanzas propias para operar exitosamente. 

 El primero de marzo Día Nacional del Periodista, invitamos a Carlos Fernando Chamorro, para que nos explique el papel de la comunicación y el aporte que pueden hacer los corresponsales poniendo en perspectiva sus localidades. La mayoría de los medios padecen del mal del “managuacentrismo”, que no es otra cosa que hacer de la capital su principal foco de interés noticioso. Un grave error. Los nicaragüenses aspiran disponer de una mirada que les permita enterarse de lo que ocurre en todos los departamentos. Una explicación cabal de los hechos más relevantes del país. La costa Caribe merece un mejor tratamiento informativo. Contribuir a que todo esto ocurra, justifica plenamente mi retorno a las aulas. ¡Después de todo nunca me desvinculé del estudiantado universitario!   

lunes, 20 de febrero de 2012

Mi candidato ideal



Entró a la política electoral haciendo guasa. Mofándose de todos, fundó su propio partido en 1966 y tuvo el grandísimo acierto de ponerle un nom­bre que caló en lo más hondo del sentimiento nacional: Los comesalteados. La pobretería por primera vez se sintió re­presentada. Todo esto lo recuerdo y se me viene a la mente porque ocurrió en una época un tanto parecida a los carna­vales políticos que vivimos cada vez que en Nicaragua se celebran elecciones de autoridades nacionales. Tuvo la osa­día de postularse a la presidencia de la república.

Pese a su ascendencia conservadora convirtió a su par­tido en una especie de espejo en donde mirarse como un recurso de maromero para que todos pudieran divertirse a sus anchas de una comedia o drama, que de no haber sido por los padecimientos que causa la política a la población nicaragüense, el único sentimiento verdadero que debió provocar su astucia era risa o lástima. Fue un ardid o truco para burlarse de los burladores. Una vuelta de mano. El sentido de su aparición en la política tuvo que ver con una actitud de burla y rechazo para las dos ofertas electorales servidas sobre la mesa de los nicaragüenses.

Su candidatura se fraguó mansamente en la imprenta de Pedro Brenes, en la vieja Managua. Expertos en preparar y diseñar campa­ñas electorales ajenas, los viejos tipógrafos creyeron opor­tuno tener su propio caballo grande. Las imprentas eran entonces albergues de conspiración, sitios de encuentro y desencuentro para celebrar a Baco y a Dionisio. Sus ra­toneras servían para celebrar tertulias para el buen decir y el maldecir de todos los días. La política formaba par­te de la vida cotidiana de los viejos tipógrafos. Garabateaban todo lo que les era solicitado por moros y cristia­nos. Diestros en sancochar lo ajeno, creyeron que había lle­gado la hora de preparar lo suyo, con más sutileza, creati­vidad y esmero, que el que habían demostrado para preparar lo que le solicitaba gente venida de fuera.

El efecto y contundencia del lanzamiento de la candi­datura presidencial de Ramiro Tipitapa Cuadra, hizo son­reír a muchos y enojar a pocos. Cualquier nicaragüense más o menos informado de lo que significa estar metido en estos ajetreos, sabe perfectamente que se requiere contar con un comité de campaña, para que se haga cargo de todo lo relacionado con el manejo de la can­didatura. Ramiro contó desde siempre y mucho antes de aceptar la postulación de su recia figura, con el apoyo entusiasta y decidido de intelectuales afines al liberalismo y al conservatismo, así como gente venida de otros lados.

Ramiro persona co­nocida, miembro prominente de un clan familiar de inte­lectuales, cuya cabeza emblemática es su hermano del alma y del corazón, el poeta Manolo Cuadra, seguido de Lucia­no el traductor indiscutible de George E. Squier y Neil Macaulay. El mismo Luciano, jefe guerrillero en las andan­zas de Olama y Mollejones, hermano también de Abelar­do, el hombre del Caribe, de Gilberto, ese farsante que imita al Fuhrer y de Chepito, mi querido Chepito, el romancero de los versos encendidos a doña Julia, quien a última hora decidió abandonarnos. Una familia como pocas. Dueña de un currículo envidiable.

La familia Cuadra Vega, cuyo retrato magistral se encargó de legar a la posteridad el poeta José Coronel Urtecho en su prólogo al libro de Chepito, Canción de la Pájara María. Coronel asegura que el denominador común de esta familia es que son por y sobre todas las cosas poetas. Con el perdón del poeta Coronel yo diría que el denomi­nador común de la familia Cuadra Vega, es que todos tie­nen un humor capaz de desafiar al mal tiempo y ponerle buena cara.Ramiro el original y polémico que un día decidió po­nerse Tipitapa, porque estaba convencido siguiendo a los primeros filósofos y poetas, que así como Zenón era de Elea y Heráclito de Éfeso y Santa Teresa de Ávila, él era de Tipitapa y a mucho orgullo. Al final logró lo que más le gustaba: que le llamaran Tipitapa, así a secas. Era su santo y seña.

El apoyo que recibió la candidatura de Ramiro fue envidiable. A Manuel F. Zurita, el escritor y tribuno, correspondió elaborar el ovillejo que lo catapultó a la fama en su carrera definitiva hacia la Loma de Tiscapa, sím­bolo inefable del poder en Nicaragua. El más sólido inte­lectual del somocismo, como una vez lo recordó mi padre, el compañero de José Coronel Urtecho, quien fuese artífice y sagaz tramoyista en los vaivenes del poder, se unió a la partida encargándose de pre­sentar a la nación en versos rápidos y encendidos, lo que sería su himno de guerra, su marcha triunfal sobre áridos campos de batalla de la política vernácula:
Es gallo de todo tiro,
Ramiro.
Con espolón que taladra,
Cuadra.
Cresta roja, sangre griega
Vega.
A cualquiera loma llega,
cambiará con solo tapas,
Tipitapa por Tiscapa,
don Ramiro Cuadra Vega.

Uno de los mejores caricaturistas de la época tuvo bajo su responsabilidad preparar la caricatura que sería dis­tribuida entre sus prosélitos para familiarizarlos con su fi­gura e identificar al Quijote a lo largo y ancho del país. ¡Para que todos pudieran conocer al hombre que sacrifica­ba todo en aras de la patria! Ampié no escatimaría tiempo ni ingenio para trazar con maestría el rostro jovial de Ra­miro, con su eterno sombrero borsalino, que le daba ese aire de hacendado mayor, en un país cuyos políticos se com­portan más como gamonales que como verdaderos diri­gentes. Mi padre también haría su aporte, se encar­gó de tallar el slogan de su campaña política: ¡De Tipi­tapa a Tiscapa, me aconsejó mi papa!

Fiel a su espíritu y a su sangre, Ramiro decidió inaugurar su campaña teniendo como punto de partida, la tierra de sus mayores. Escogió a Masaya. No solo eso, creyó que el mejor lugar para dar a conocer a la nación su pro­grama de gobierno era congregarlos frente a la casa de uno de sus más fieles seguidores, don Carlos Brenes Cerpas, miembro de número de la Legión de Hombres sin Alma, como me lo hizo saber Miguel Bolaños Garay. Sobre la calle El Calvario, Ramiro Tipitapa Cuadra, irrumpió con un nuevo estilo y otro discurso en un país cansado de tanta politiquería. La selección de la persona que se encargó de lanzar su candidatura fue hecha con tacto y delicadeza. Ramiro pretendía impactar a la nación desde el primer momento. Nada podía quedar a la espontaneidad excepto la frescura de su cam­paña.


Esa mañana memorable para el pueblo de Masaya, des­pués de concluido el desfile de los cocheros y frente a más de un millar de personas sonando las tajonas sobre sus pier­nas, los nicaragüenses confirmaron de una vez por todas que algo raro hay en la política, puesto que Ramiro fue proclamado como candidato oficial del Partido de Los Comesalteados, nada más y nada menos que por un sordo-mudo. ¡Así como lo oyen!¡Por un sordo-mudo! ¡Se­ñores, esto no es cuento, es la más pura verdad! 

Una postal tropical

 

Persuadido por los poderes sediciosos de la fotografía también escribí un cuento donde mujeres y fotografías son los personajes sobresalientes. No imaginaba las amplias posibilidades que abriría la optoelectrónica en su desarrollo, ni las capacidades infinitas que ofrecería la realidad virtual para rehacer a nuestro gusto y antojo la realidad verdadera. La vanidad suele jugar malas pasadas. Sabedor que el hilo se rompe por lo más delgado, imaginé una trama donde dos pretendientes inglesas deseaban contraer matrimonio con jóvenes nicaragüenses. Durante su visita a Inglaterra buscando como concertar mejores precios para el café nacional, Antonio Baltodano visitó los principales centros de compra en Londres. En ese viaje por fin conoció a Mr. Philips, intermediario reputado en el puerto de Liverpool. El comprador de café lo llevó a tomarse unos tragos a una taberna ubicada frente al Támesis.

Esa noche deambularon por las calles embutidos en sus abrigos, al final acordaron establecer relaciones más fluidas. Mr. Philips tenía acceso a información privilegiada. La matriz de la Agencia Reuters quedaba a unos pasos de su centro de operaciones. Su amistad con Adam Reuters, hijo del fundador de la agencia informativa, había sido provechosa para conocer de inmediato las alzas y bajas en el precio del café en el mercado mundial. Baltodano había consolidado sus negocios con Londres mediante la intervención de Mr. Philips. La segunda noche mientras paseaban frente al Palacio de Buckingham, comentó en voz alta que sus dos hijas se encontraban en París de vacaciones. Sacó de su gabardina una fotografía y se la mostró orgulloso. Dos jóvenes rubias jubilosas, con unos ojos lánguidos asomaban su rostro. Pensó que había llegado el momento de desposarlas.  -¿No cree usted que algún nicaragüense esté interesado en casarse con ellas?-, interrogó sonriente.

Animado, Baltodano se comprometió presentarlas a los matagalpinos. Creyó haber realizado el negocio de su vida. Mr. Philips afirmó que él preferiría se casasen con personas creyentes de la religión católica y una conducta menos disipada que la de sus compañeros de estudios en Cambridge. Baltodano se quedó dos días más en Londres con el propósito de conocerlas. Como tenía prevista una visita a París, decidieron  mejor encontrarse el día sábado en los bajos de la Torre Eiffel. El nicaragüense llegó a las 5 en punto de la tarde, las jóvenes lo dejaron plantado.  Por la noche encontró en su hotel un cable fechado ese mismo día proveniente de Londres. Mr. Philips le hacía saber que esa mañana habían tenido que viajar de imprevisto a Londres. Lamentó que no se hubiesen conocido. También le hacía saber que a su regreso a Nicaragua, después de su viaje por las islas griegas, ya habría llegado a Matagalpa la carta que le pondría el lunes por correo certificado.

A su regreso al país tres meses después, Baltodano fue al correo a reclamar la misiva enviada desde Londres. Aparte de desearle lo mejor, la familia Philips acompañó la misiva con dos fotografías. Ana y Elizabeth lucían esplendorosas, con su pelo rubio suelto al aire, unos grandes ojos azules, muy espigadas, dejaban ver sus dientes sajones. En la reunión del jueves en el Club Social, mientras departía con sus amigos, contándoles lo maravilloso que era divisar Paris desde las alturas de la Torre Eiffel, su paseo discreto por el Crazy Horse y sus devaneos por Pigalle, aprovechó para decirles que tenían aseguradas las compras en el mercado de Londres. El viaje había servido para afianzar la relación comercial con Mr. Philips. Alegré mostró las fotos de las hijas del comprador inglés y les hizo saber la buena noticia: deseaban casarse con jóvenes de estos rumbos.

Al regreso a casa, esa noche cada quien hizo sus propias conjeturas. La belleza de Ana y Elizabeth y la dote de sus padres, dos grandes compradores de café, las transformaba en un manjar apetitoso. Con discreción pidieron a Batodano una copia de las fotografías. No se preocupen ya di a sacar varias reproducciones en Managua. Foto Díaz había quedado de enviármelas el siguinte martes. Durante la boda de Germania Kϋhl con Elvio Mixter, las fotografías anduvieron de mano en mano. Sin pretenderlo las hermanas Manssell fueron presa de celos, lo mismo que Josefina Hayn. Sintieron que unas desconocidas les hacían contrapeso. La belleza de las inglesas despertaba animadversión entre las jóvenes casamenteras. Sir Joseph Conrad, Cónsul inglés radicado en Matagalpa, ya había sido informado de los pormenores. Mr. Philips le planteó el hecho como si se tratara de asuntos de Estado.

Al final de la misa, los jóvenes convirtieron en la comidilla del domingo, “los deseos de las inglesitas”, como las llamó Adolfo Vogl. Dos meses después, a finales de diciembre, el asunto estaba resuelto. En una mesa de billar, entre copas y cigarrillos, siete jóvenes matagalpinos disputaron su suerte. Como no lograban ponerse de acuerdo, los pretendientes decidieron que quien ganara la primera mesa tendría derecho a casarse con Ana. Luego los otros seis jugarían tres mesas adicionales y quien ganara dos de tres se casaría con Elizabeth. Los hermanos Amador resultaron ganadores y juntos se tomaron los últimos tragos como expresión de alegría. Dos hermanas se casarían con dos hermanos. Como a las seis de la tarde salieron en búsqueda de Antonio Baltodano, para plantearle que antes de casarse con Ana y Elizabeth, deseaban que viajaran a Nicaragua. Sus padres querían conocerlas. Esa fue su única condición.

Dos meses y medio después la familia Amador y Antonio Baltodano fueron a recibirlas al Puerto de Corinto. Pacientes esperaron que bajaran los tripulantes del Barco Aurora. Ellas fueron las últimas en hacerlo y pasaron desapercibidas. Pensaron que no habían llegado a recibirlas. Impacientes se acercaron a Mr. Scotch, capitán del navío, indagando sobre la familia nicaragüense que llegaría a recogerlas. Entonces se armó el despelote. Las inglesas, medios gordetas, cifraban los 38 y 40 años respectivamente. Roberto y Ricardo Amador se sintieron estafados. Sus aspectos no se correspondían con las fotografías. En las fotos lucían encantadoras, jóvenes en edades resplandecientes, nada parecidas a las dos señoras que se identificaron como Ana y Elizabeth. Dijeron que jamás se casarían con ellas. Incluso pidieron que las montaran de regreso con la carga de café.

¡Fue la única vez que Inglaterra rompió relaciones diplomáticas con Nicaragua!     

martes, 14 de febrero de 2012

Lecturas y evocaciones


Pierre Auguste Renoir, "Bañista peinándose", 1862

Aunque las causas de la escritura sean otras, todo autor aspira que su texto llegue al mayor número de lectores. La acogida dispensada tiene múltiples razones. El poema más intimista traspasa fronteras; las personas encuentran retratado su amor. Siempre he pensado que Pablo Neruda escribió para mí los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. A mis catorce años atraído por los hoyuelos de Vicky, el poeta chileno puso miel a mi primer romance. Por eso no sentí celos al enterarme veinticinco años después que Palinuro había encargado a Neruda escribir toda su poesía como un  tributo a Estefanía. Muchísimo antes que Fernando del Paso hiciera públicas estas confesiones yo leía a Patricia los poemas que el chileno había escrito bajo encargo para cantar nuestro amor. Ella leyó toda su poesía para saber si Neruda había completado el pedido. ¿Me lo crees?

Cuando leí Werther de Goethe en cuarto de secundaria supe que padecía mal de amores y podía enloquecer. Inés disfrutaba las cartas que pedía escribiera narrando en lenguaje licencioso cada vez que desfallecíamos en lances arrebatados desafiando la ley de la gravedad. No bastaban los besos, las caricias; burlar la vigilancia de sus padres y hermanas. Sin testimonio escrito todo lo acontecido le sabía insípido. Inés me enseñó a conocer el aprecio que sienten las mujeres por inmortalizar en breves párrafos sus andanzas de amantes primerizas. Solo a una mujer he escrito después de esa manera. Patricia es la depositaria de una veintena de cartas que estrechaban la distancia, mientras ella concluía sus estudios de sicología en Georgetown. Las guardaba en un álbum como un tesoro. Me parece bien.

Siempre descreo de algunos regalos, sobre todo los que se hacen presa de los humores de los diseñadores de afectos. Alegan que para expresar amor uno debe ir a las tiendas.  Entre más caros mayor será la expresión de cariño. Marcado por las lecturas de Herbert Marcuse, tal vez el filósofo contemporáneo que mayores huellas dejó en una generación de jóvenes recién desembarcados en la universidad, aprendí a distanciarme de estas manifestaciones de afecto. El cariño se desentume, el amor crece y se expande el día de San Valentín. No importa que el resto del año los amantes la pasen peleando. Diez días antes de mi arribo al mundo, los Shopping Center, ¿Acaso Managua no ha sido convertido en un gigantesco supermercado? acrecientan sus bolsillos y engordan sus cuentas. Los restaurantes y discotecas multiplican sus ganancias. Pienso que el amor no cabe en un día. Demasiado estrecho. Para los amantes una jornada de veinticuatro horas no basta.

Antes que Marcuse apareciera Shakespeare ya me había acercado al conocimiento del sentimiento amoroso. ¿Acaso en verdad este puede conocerse? Tengo dudas. El tiempo pasa y en vez de disminuir mis vacilaciones crecen. Después de repasar una y otra vez sus páginas, estoy convencido que nadie como Shakespeare se adentró hasta el fondo. Ni siquiera el psicoanálisis llegó más largo. Marco Antonio y Cleopatra, me enseñó el derecho y envés del amor. Perdido por la más ilustre descendiente de los Tolomeos, el guerrero más grande de los legionarios de Julio César, quedó atrapado entre sus sábanas. Manso corderillo, la reina egipcia lo martajaba a su capricho. ¡Nada raro! ¡Talento y belleza iban de la mano! Julio César la protegía, por algo jamás dejó de ser su amante. El primer protectorado de la historia nació de este idilio.
Mito o realidad, el helenista Salomón de la Selva hace su propia traducción del Vini vidi vinci. Tallada en oro la frase desafía los tiempos. Nuestros profesores de historia nos hacían repetirla, memorizarla. Vini vi y vencí, lo dijo Julio César después de haber conquistado el mundo a golpe de espada e ingenio, repetían los maestros. Contra esta versión alza su sabiduría el poeta leonés. Aclara que Julio César al decirla exaltaba su reciedumbre de macho, no su condición de guerrero imbatible. A una edad que un hombre puede fácilmente caer abatido ante la belleza, hizo suya a Cleopatra, se acostó con ella, la encabritó y la hizo desfallecer. Luego regresó a Roma de donde vino. La reina de reinas fue incapaz de cercar su corazón. El emperador romano siempre cuidó que su corazón jamás estuviese sobre su cabeza, como lo recuerda Bertolt Brecht en Los negocios del señor Julio César

Pobrecito Marco Antonio, cayó devorado ante quien creyó ser la reina de la tierra. Una mujer a quien Shakespeare convierte en una hechicera; una hembra de corazón caliente y mente fría. Dudosa indaga ante Marco Antonio, ¿Cuánto me quieres? Acaso el amor puede medirse, responde el guerrero. Una lección que han olvidado los amantes. Si se atuvieran a este juicio no serían tan díscolos. Ni hombres ni mujeres preguntarían a cada instante cuanto amor dispensamos. ¿Un regalo de dos, tres mil córdobas basta? Entonces los pobres no amarían. No tienen dinero para comprar sortijas, anillos, relojes o pulseras. Estarían condenados por los siglos de los siglos. Realista o grosero Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera, lapida su cariño. Si la mierda tuviese valor algún día los pobres nacerán sin culo. Desculados jamás podrían encularse. 

La vida nutre a la literatura. Otros ejemplos retratan las mil caras del amor. Las telenovelas son manantial inagotable en que abrevan los pobres. Con la misma naturalidad con que un día revelé mi condición de lector irredimible de pasquines o comics, debo reconocer que también lo fui de las novelas de Corín Tellado. En Juigalpa, todos los meses Augusto Vargas Villanueva enviaba Vanidades a mi madre. Leía la sección de cinematografía y luego disfrutaba la novela de rigor bajo la autoría de una española que alimentó el imaginario de millares de mujeres en el mundo. Corín Tellado era para mí el equivalente de Marcial Lafuente Estefanía. Salvador Ayala Moncada tenía un puesto de alquiler a cien metros de mi casa. Con la misma avidez que tragaba pasquines y novelas, volaba sobre las páginas de Corín Tellado. Mi padre ya me había inyectado la droga de la lectura.

Con esas novelitas rosas las mujeres supieron endulzar su vida, forjaron sus gustos, aprendieron a soñar con el príncipe azul, a confiar en la suerte y como Cenicientas sabían que la dicha y la felicidad llegarían un día. El leitmotiv de sus argumentos gira en que la pobreza nunca es obstáculo, la belleza la calcina. La condición económica no importa. Los galanes entrarían a sus vidas y se casarían de velo y corona. La pobreza no es destino, simple tropiezo que el amor salva fácilmente. Las radionovelas cuentan hazañas similares. Los rencores familiares son rotos por la magia del amor. La historia emblemática de Montescos y Capuletos, narrada con magia deslumbrante por Shakespeare, ratifica que el amor puede más que las rencillas familiares. El amor todo lo puede. Todo lo puede el amor.

Los amores imposibles no existen. Quienes aspiran seducir jamás deben arredrarse. Todo es cuestión de tacto y una buena dosis de galantería. Blas Gil adelanta que la caza del amor es caza de altanería. Este epígrafe anuncia lo que vendrá después en Crónica de una muerte anunciada. Los magos de la cinematografía siguen filmando Romeo y Julieta, para que las nuevas generaciones se asomen a esta tragedia; para que no dimitan cuando los padres cierran puertas y ventanas, si tu amada ya destornilló para vos las clavijas de su corazón. Contigo no hubo vuelta atrás, se adelanta. Mis padres te miraban de reojo. Vos siempre te hiciste el desentendido. ¡No podía ser de otra forma!

Ernesto Sábato reivindica los derechos del corazón. Con su tesis, como hijo y hermano del romanticismo, tiende el puente necesario para no continuar sosteniendo boberías. La verdad subjetiva es tan importante como la verdad objetiva. Siempre hay que temer a aquellas personas que machacan como credo indiscutible la superioridad de las matemáticas y la física, sobre la literatura. Ante el despropósito Sábato alega: tan real una pesadilla como un puente de concreto. A los inquietos recuerda no olvidar jamás que más intenso el amor que un teorema matemático; más compleja la literatura que la química. ¿Alguien puede comprar dos libras de cariño? Algún cínico me dirá que sí. Pertenecen a las tribus que no conocen otras formas de conquista que no sea a través de amores comprados. ¿Que triste verdad? En Sin senos no hay paraísos lo hacen por partida doble. Los narcos compran a sus mujeres y el Canal 2 a sus audiencias dándoles regalitos.

Más largo que el Amazonas mi amor hacia vos. El infinito es el cielo. Sabemos que tenemos sueños pesados, pero ¿cuánto pesa un sueño? Los estudiosos de la historia, las artes y la cultura, hicieron mal en encajarse sobre los métodos de las ciencias naturales. ¿Ciencias de la vida? ¡Qué mierda! Recitan en coro: lo que no puede medirse no alcanza la categoría de ciencia. Eso me importa un bledo. En la agria polémica de André Gunder Frank con Milton Friedman, en los años gloriosos de los setenta, recordó al premio Nóbel de Economía, que en el frontispicio de la Escuela de Chicago reza “Ciencia es medir”. No todo puede medirse. Me niego a comprarte zapatos y vestidos en este cumpleaños. Decidí regalarte algo mío. Escribí para vos estos poemas. No los venden en ninguna tienda. ¿Y los escritores de alquiler? Esa es otra historia, ya tendremos ocasión de hablar del tema. ¿Estás cansada? ¡No! Me agrada tu manera de ver el mundo. Publica los poemas. Estoy segura que muchas mujeres los disfrutaran igual que yo. ¡Compláceme no seas malito!   

sábado, 11 de febrero de 2012

MÚSICA EN LA SANGRE




Nos estamos des-musicando
Se nos está haciendo yanki el esqueleto

Pablo Antonio Cuadra

Desde que Wilmor López se entregó a la pasión de rescatar y dar a conocer la música nicaragüense, no ha cesado ni un sólo día en valorarla, catalogarla y difundirla, con la intención expresa de conectarnos con nuestras raíces más profundas. Un recorrido que inic durante el último cuarto del siglo pasado y que seguramente no concluirá sino con su muerte. Una entrega sin pausas, ni límites en el tiempo y el espacio. El andariego se ha metido por todos los rincones del país, para dibujar con pulcritud un mapa musical completo, donde ninguna de las creaciones surgidas de las entrañas del pueblo queda fuera. Un mapa integral que abre su abanico en Chinandega, fija las fronteras de León, pasa por las Segovias, se adentra en la Costa Caribe, se detiene en la región central, marca mojones en Boaco, Chontales y Río San Juan. Alza su pedestal en Diriamba, pone banderas en Masaya, tiñe de colores Granada, y se desliza suavemente por las llanerías de Rivas.

El joven investigador de la música nacional, se propuso ensanchar el horizonte recorrido por sus grandes maestros y lo ha logrado con creces. Carlos Mejía Godoy, el más persistente y prolífico canta-autor vernáculo, lo integró en sus filas convirtiéndolo en parte medular de la Brigada de Salvación del Canto Nicaragüense. Mejía Godoy hizo de Radio Corporación el centro de irradiación de expresiones musicales, un amplio abanico de canciones que si no se recopilaban ni difundían, hubieran quedado enterradas en el olvido. El son nuestro da cada día, transmitido en dos audiciones, alimentaba los sueños de Wilmor y acrecentaba su interés por enlazar a los compositores ubicados en las regiones más remotas, con todo el conglomerado nacional. Una iniciativa cultural que muestra los distintos cantos y los diversos ritmos que conforman la música nacional.

Una de las pretensiones de Wilmor era trascender las fronteras que delimitan El folklore nicaragüense, texto pionero de Enrique Peña Hernández. Sin desmeritar sus hallazgos, Wilmor comprendía que tenía que ir más allá. El trabajo de Peña Hernández se limita a los contornos de Masaya. Uno de los errores más sensibles de las diferentes investigaciones, y estudios acerca de la literatura, historia, música y canto nicaragüenses, ha consistido en sobredimensionar la región del Pacífico. Más grave todavía resultan sus extrapolaciones a todo el territorio nacional. Lo mestizo ha sido convertido en una totalidad. Navegando a contra corriente, las culturas subalternas vinculadas con lo indígena y negro-caribeño, siempre han estado en la mira de Wilmor. Los trabajos de Jaime Wheelock Román, Eric-Blandón, Eddy Kuhl, Dora María Téllez, Sergio Ramírez, Lisandro Chávez Alfaro y Carlos Midence, encierran una misma intención: romper con el reduccionismo al ofrecer una visión de conjunto de la cultura nacional.

En el lapso de tres años (1975-1978), Carlos Mejía Godoy, Carlos Mántica Abaunza, César Ramírez Fajardo, Wilfredo Álvarez, Cesar Zepeda y Wilmor López, recopilaron quinientas canciones. Como testimonio de esta hazaña, Mántica y Ramírez publicaron el libro Cantares Nicaragüenses. Tres años fructíferos sirvieron para que Carlos Mejía Godoy se percatara que Wilmor podía conducir El son nuestro de cada día. Todo creador aspira a que su obra adquiera perdurabilidad y trascendencia. El joven asistente empezó a curtir su piel. Sumó su voz a la de Carlos y al partir el trovador hacia España en 1977, con la intención de grabar su primer disco con la CBS, encomendó a Wilmor la responsabilidad de continuar haciéndolo. Mejía Godoy viajó acompañado por Silvio Linarte, Humberto Quintanilla y Enrique Duarte, en ese entonces conocidos como Los hermanos Duarte. El sacerdote vasco Victoriano Aristi, quien le inspirara pos­teriormente La viejecita de Mozambique, convenció a Carlos que para seducir a los españoles, tenía que introducir una variante en el nombre. Serán rebautizados como Los de Palacagüina. El Almendro de Onde la Tere, Panchito Escombros, Clodomiro El Ñajo y Son tus perjúmenes mujer, imprimen sus huellas. Carlos reconquista España. La península ibérica había caído embelesada ante los versos inmortales de don Rubén Darío, nuestro paisano inevitable.

La amistad con Otto de la Rocha permitió a Wilmor, ser parte de Al primer canto del Guis, un programa dominical transmitido en la Corporación. Se convirtió en la segunda plataforma que sirvió a Wilmor de pivote para dar a conocer cincuenta biografías musicales. Gustavo Latino, un impulsor como pocos de los artistas nacionales, con su programa Retablo Folklórico Nacional, nos cuenta su vida y milagros. Juan José Gaitán, el Ranchero de Monimbó, un pintor de brocha gorda, no sólo prende a sus oyentes con sus composiciones, les seduce contándole sus vicisitudes, mientras tanto escucho prendado la manera que Wilmor conoce las letras y tararea cada una de las canciones de la mayoría de los compositores nacionales. Una memoria prodigiosa sólo comparable con la de Edgard Tijerino. Wilmor lleva música en la sangre. Es su oxige­no, vibra, respira y siente en el corazón la música nicaragüense. Su más alto paradigma es Salvador Cardenal. Nadie que intente hacer una investigación sobre la música nacional puede eludir la figura del fundador de Radio Güegüence.

El álbum musical más completo sobre la música nicaragüense se debe al genio de Salvador Cardenal. Nicaragua Música y Canto, es el resultado tesonero de cuarenta años de recopilación. Para realizar la proeza de grabar diez Long Play en 1978, Cardenal tuvo antes que recorrer el país de un lado a otro en la búsqueda de cada una de estas canciones. Nos legó el esplendor de la música folklórica y nos enseñó a quererla y apreciarla. Sedujo a su familia. ¿Una influencia sanguínea o una influencia cultural? Salvador y Katia son sus grandes herederos, su entrega a la composición y al canto viene directamente de su abuelo. La admiración de Wilmor por Salvador Cardenal, únicamente  comparable al cariño y admiración que siempre guardó Pablo Antonio Cuadra por su primo. Wilmor sabe que para trascender en el paisaje lugareño, tiene por lo menos que igualar los logros alcanzados por Salvador Cardenal.

Si uno empieza hacer el recuento de los primeros aciertos de Wilmor López, constata gozoso, que haber filmado El Gigante de Diriamba, el original, con sus danzas teatrales y sus grandes bailes; El Toro Huaco y El Toro Venado del Malinche en Masaya; El Atabal de Granada, antes que sus viejos interpretes fallecieran; los registros realizados a Felipe Urrutia y sus cachorros en EsteIí, símbolo viviente, recopilador y compositor de la más alta valía de la música norteña; Los hermanos Umaña en La Conquista, Carazo y el baile de Walagallo en Orinoco, ejecutado por Isidro Zenón, un auténtico Chamán, lo sitúan como un verdadero adelantado. Un registro histórico de in­calculable valor, devela sus afanes por poner en alto relieve, un conjunto de tradiciones culturales que enlazan al Pacífico, la región  Central-Norte con la Costa Caribe. Este homenaje testimonia las alturas hasta las que Wilmor se encumbra para divisar mejor toda la geografía nacional.

¿Cumplirá Wilmor su deseo de producir un video con los bailes, danzas, mazurcas, polkas, sones y boleros grabados en su largo trajinar? ¿Alcanzará la meta de replicar en video lo logrado en disco por Salvador Cardenal? ¿Existirá alguna institución que se muestre sensible a su valiosa iniciativa? En una época en que lo visual se impone con toda su belleza y grandiosidad, ¿quién dará el primer paso? ¿Vera publicado su libro Ensayos de la cultura popular nicaragüense, que contiene todos sus escritos de investigación cultural? Desde hace rato nuestra memoria histórica se nos escapa, no sólo por la influencia inevitable de la música proveniente del norte, sino ante la sordera y falta de interés por conocer lo nuestro. ¿Cómo amar el terruño si lo poco que se divulga es en función del turismo que viene de afuera? La ciudad de Granada constituye la prueba más dolorosa del desgarramiento que produce la embes­tida provocada por la globalización. No llamo a cerrar fronteras ni hago aspavientos para atrincherarnos en un nacionalismo rancio. Pongo el dato frente a gobernantes, dirigentes políticos y empre­sariales, académicos, periodistas y dueños de medios, para que constaten que Nicaragua se nos está disgregando.

Una de las conquistas más importantes alcanzadas por Wilmor, fue la creación de los archivos de la gesta de Augusto Nicolás Calderón Sandino, dando cuenta de la ocupación de la marinería yanki y los desmanes cometidos por los Somoza. Sus esfuerzos por lograr que el Archivo Fílmico de la Nación fuese declarado patrimonio cultural, manifiestan su interés por preservar aspectos que han gravitado fuertemente en la conformación de nuestra identidad. Así como le obsesiona la idea de grabar un video con los bailes y música rescatada, le atormenta el hecho que diez años de grabación realizados desde finales de los ochenta y durante la década del noventa, se pierdan para siempre embodegados. Las grabaciones en video de ¾ que hizo de 1980 a 1990, no sabe quién las tiene y dónde están. Una muestra amplia que transmitió a través de Canal 6 de Televisión, con un nombre que resume sus pretensiones: Así es Nicaragua.

Wilmor prosigue con su tarea. Todos los sábados, llueva, truene o relampaguee, conduce América Nuestra en la Primerísima, en horario de nueve a once la mañana. Un programa de novedades musicales y entrevistas con canta-autores latinoamericanos. Música muchas veces sólo disponible en su propia fonoteca. Los domingos la cita es a las diez de la mañana a través de la 580. Cantos de mi tierra continúa siendo el cordón umbilical que lo liga con los oyentes, en un recorrido por la música nacional. Su presencia en las radioemisoras constituye un bastión que enaltece los valores musicales arraigados en nuestra tierra.

Su nuevo álbum, El saber del pueblo, ratifica su persistencia por dar a conocer la música nacional, en momentos que la mayoría de las radioemisoras y casi la totalidad de los canales televisivos dan la espalda a la música surgida de las entrañas del pueblo nicaragüense. Con investigadores como Wilmor López, tenaces, tercos, firmes, internándose por cañadas, veredas y caseríos en lo más profundo de la geografía nacional, puedo decir complacido que esto no ocurrirá jamás. Su apuesta por un pueblo que ve debilitar su canto, merece el apoyo de todas aquellas personas e instituciones comprometidas con el desarrollo de la cultura nacional. Su persistencia vivifica y reconforta el ánimo. ¡Sin sus hallazgos, programas y producciones discográficas, ¡Wilmor moriría de pena! ¡Lleva la música en la sangre!