martes, 22 de enero de 2013

Literatura y deportes




Cada vez que interrogan a Edgar Tijerino dónde se siente más a gusto, si en la televisión, la radio o la prensa escrita, siempre ofrece la misma respuesta. No se cansa de repetir, como si fuese una lección aprendida o de un estribillo, que se siente más cómodo nadando sobre el universo sin fin de la palabra impresa. Una pasión absorbente marca el ritmo de sus días y sus noches. Es sobre el teclado de la computadora donde se siente más firme y seguro. Disipada la angustia de la pantalla en blanco, ejerce el oficio de cronista deportivo con la misma fogosidad y entusiasmo del primer día. Una idéntica obsesión como la que inquietaba al minotauro, consume su energía y atormenta su pluma. Salir del airoso del laberinto, sin haber recibido siquiera una estocada.

El medio fondista no había empezado a correr cuando el poeta develó la estela resplandeciente que dejaría su paso por el mundo encantado del deporte. La firmeza con que imprimía sus huellas y la convicción con que esculpía sus primeros trazos, llevó a mi padre a certificar su registro de nacimiento. Cuando Tijerino apenas daba sus primeros pasos, -¿estímulo y desafío?- afirmó que pasaba “del tablero de ajedrez a la máquina de escribir con la misma destreza con que toma la raqueta y a la pluma vuelve para verternos –sudor y aliento- las múltiples escenas vividas u observadas en el cuadrilátero, la cancha o el estadio”,  dándole “a las palabras su conveniente peso”. Para el especialista en literatura, diestro  cazatalentos de grandes ligas, no fue tarea difícil descubrir la veta inagotable de su candente prosa. Alta llama que nos ilumina a todos.

Desde entonces Edgar Tijerino se dedicó con esmero a construir, con la misma deleitación que sienten los artistas, su propio edificio literario. En cada crónica estampó su estilo. Piedra, arena, cemento, arcilla y hierro, fueron las bases que utilizó para moldear su estructura granítica. Sobre las paredes dibujó arabescos y en sus vitrales escribe los nombres de cada uno de los portentos que han venido alimentando su insaciable sed. Alzó la mirada y encontró en el nuevo periodismo estadounidense, alimento para su voz, recursos e imágenes para tallar su propio estilo. Norman Mailer, Tom Wolfe, Truman Capote y Guy Talase, marcaron el camino. En García Márquez encontró plena justificación para el uso desmesurado de la desmesurada hipérbole. Una constante de la que no se separa ni para tomar respiro.

Sabedor que la musa de los escritores son sus grandes lecturas, fue más allá de las novelas de Carpentier, Cortázar, Sábato, Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Donoso, Edwards, Chávez Alfaro, Ramírez, Allende, para citar unos cuantos y buscó en la poesía de nuestro bardo mayor metáforas deslumbrantes para reforzar su prosa, pulcritud, dicha y pesadumbre, sitiando, citando a nuestro inmortal Darío. Se metió a escudriñar la obra literaria de Pablo Antonio Cuadra y no contento aún cayó seducido ante los ensayos de Jorge Luis Borges. Encontró en sus páginas agua para mitigar su espanto y suficientes razones para continuar su larga caminata.  Tuvo que recrear su vista sobre este anchuroso mural. En la escritura todos somos hijos y deudores. Larga es la ascendencia de Edgar Tijerino.

Si las deudas de Edgar Tijerino son muchísimas, vasta resulta su amplia descendencia. Padre de prole numerosa, hasta en los que niegan paternidad alguna, las rayas sanguíneas delatan su herencia. Desde que Edgar irrumpió en el firmamento de la crónica deportiva asentó su liderazgo. Con velocidad plusmarquista tumbó marcas, contagió escenarios y desbordó cauces. Cronista deportivo es quien sabe de deportes. Aunque conviene decir que en Nicaragua los cronistas deportivos son pocos, muy pocos. Unos saben de boxeo, otros futbol y todos, casi todos, beisbol. Edgar es ave raris. Con la misma soltura y sabiduría habla de futbol, beisbol, boxeo, tenis, ciclismo, motociclismo, igual diserta sobre política, deporte mundial y da cuenta de los sin sabores cotidianos que confronta la pobretería.

Con decisión se ha esmerado en imponer su estilo literario y con obcecación se ha dado a la tarea de imponer su sello. Para que su nombre perdure debe escribir de tal manera que los hechos cotidianos no devoren su prosa. El periodismo tiene atado su cordón umbilical con lo perecedero. Solo cuando los periodistas se imponen la tarea de convertir cada uno de sus escritos en una pieza trascedente logran que sus crónicas se conviertan en invaluables documentos. Aun así muchas veces tienen que reescribir sus escritos. Las lecciones de Kapuscinski saltan a la vista. A la par de sus despachos internacionales, siempre tomó tiempo para escribir para la posteridad. En Edgar existe una vocación casi enfermiza para que sus escritos no se agoten una vez concluido el día. Ese espíritu anima su prosa.

Uno percibe hacia donde orienta sus intereses cuando establece comparaciones entre sus escritores más queridos y admirados. Entre el libro de Javier Marías, Salvajes y sentimentales y letras de futbol (2000), proseguido de una segunda edición en 2010 donde incorporó treinta nuevos ensayos y el texto de Eduardo Galeano Futbol a sol y sombra y otros escritos (1995) y sus distintas ampliaciones, Tijerino prefiere al uruguayo. La razón es obvia. El español trata que sus lectores comprendamos que sabe futbol, Galeano prefiere hacer gambetas, lanzar chilenas, disparar al arco y realizar quiebres de cintura con el lenguaje. Una escogencia muy a tono con su temperamento de escritor. Galeano sabe tanto de futbol como Marías. Nada más que Galeano creyó necesario “pedir a las palabras lo que la pelota, tan deseada, me había negado”.

Debemos sentirnos orgullosos de tener un cronista deportivo de la talla de Edgar Tijerino. Con el paso del tiempo el interés por depurar su prosa se ha acrecentado. Si a mi padre, Guillermo Rothschuh Tablada correspondió dar el disparo de salida a la vertiginosa carrera de escritor de Edgar Tijerino, una amistad fundada en el respeto y admiración, confesiones y complicidades me permiten testimoniar su valía de escritor. Nadie pone en duda los grandes méritos que lo condujeron al Salón de la Fama del Deporte de Nicaragua. De Cayaso a Nemesio (2012), salda deudas con las viejas y nuevas glorias que han enaltecido el beisbol y hace un reconocimiento explícito a Carlos García, el dirigente más connotado de una práctica deportiva que necesita reinventarse, para alcanzar las alturas de otros tiempos. ¡A su magisterio atengámonos!

Los hijos de los días




Con la aparición de Espejos (2008), Eduardo Galeano amplió su visión de lo acontecido. Ejerciendo el oficio de cronista, quedó insatisfecho al haber solo puesto en perspectiva en prosa poética, los acontecimientos históricos más importantes ocurridos en la América nuestra, con su trilogía Memorias del fuego (1982-1986), un oleaje intenso frente a las boberías de falsos pregoneros. Espejos es un libro mucho más ambicioso, su recorrido histórico abarca el universo, dándonos una versión ajena a las veleidades de los poderosos. No contento todavía tiene la audacia de desplazarse a sus anchas sobre los cinco continentes, sus islas y afluentes, elabora un calendario sui generis. Los hijos y los días (2012), una travesía por los trescientos sesenta y seis días del año -febrero alcanza los veintinueve días- insiste en pregonar que la historia real y verdadera ha sido forjada por triunfadores y vencidos, poetas y militares, curas y obispos, putas y cantantes, artistas y científicos, deportistas y periodistas.

Los hijos y los días un texto de historia singular, teñido por una diversidad de colores, ofrece nombres, hechos y circunstancias, asomándose a un universo distinto. Devela a los conjurados y restituye su dignidad a los vilipendiados. Abre puertas y ventanas para que penetre el sol e ilumine con sus destellos los rincones oscuros, las mentiras y atrocidades, las humillaciones padecidas por negros, amarillos, rojos, mulatos y blancos, las mentiras y dobleces de los diarios y dueños de medios más reputados del planeta. Ricos y poderosos lo acusarán de apostata y los miserables, los injustamente olvidados, dirán que se trata de un justiciero. Cronista desacomplejado acomete una empresa alucinante, a contra pelo de falsas versiones y omisiones vulgares, Galeano opta por escudriñar la historia universal para revelarnos y rebelarse contra omisiones y engrandecimientos insidiosos. Se atiene al dato y lo configura dentro del amplio contexto en que se dio. Ese es su método.

Igual que en los textos anteriores Nicaragua resplandece en sus páginas. Certero rinde homenaje al Güeguence, solícito recuerda al mundo que el 25 de enero el pueblo de Nicaragua agasaja al ocurrente, el pícaro recorre las calles, canta y baila, “y por su obra y gracia todos se vuelven cuenteros, cantores y bailanderos”. El embustero tiene razones para hacerlo. El aire festivo puesto en escena, lo conduce a proclamar ese día como El derecho a la picardía. Galeano se atiene a la versión popular, no la adultera, la refuerza, se ciñe a la sentencia del maestro enredador. Lo que no puedes ganar, empátalo. Lo que no puedes empatar, enrédalo. Ante las recriminaciones de última hora, condenando las güeguenzadas de los nicaragüenses, ¿Qué otro camino queda al pueblo frente al poder avasallante de ricos y políticos sino hacerse el pendejo? Celebra jubiloso al “inventón de palabras que nada significan, maestro de diabluras que el Diablo envidia, deshumillador de los humillados, jodón, jodido, jodedor”.

Amigo de contrastar, en un juego dialéctico, Galeano elige el 27 de abril para hablar de Las vueltas de la vida. Sin escandalizar o tal vez todo lo contrario, ya que gente conocida actuó a contrapelo de viejos principios. En verdad resulta difícil digerir que haya sido el Partido Conservador, quien estando en el poder reconoció a las mujeres el 27 de abril de 1837, el derecho de abortar si su vida corría peligro y quienes lucharon por acabar todo vestigio de las paralelas históricas, en un acto inimaginable “Ciento setenta años después, en ese mismo día, los legisladores que se decían revolucionarios sandinistas prohibieron el aborto en cualquier circunstancia, y así condenaron a las mujeres pobres a la cárcel o al cementerio”. Como canta el panameño Rubén Blades en versos inolvidables, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. ¿Quién iba a pensar que por razones electoreras una agrupación política que se decía de vanguardia, condenase al oprobio y a la sin razón a millares de mujeres nicaragüenses?

Con la autoridad y consecuencia ganada a puro pulso, exalta la manera de juzgar de Carlos Fonseca Amador. Nombra el 30 de julio Día de la amistad. Eleva su gesto y aplaude su decisión, al recordar que amigo es el que critica de frente y elogia por la espalda, una práctica olvidada que deberíamos integrar en nuestro credo cotidiano. Con nobleza proclama que amigo verdadero es amigo en las cuatro estaciones. Los otros, critica Galeano, son amigos del verano, no más. ¿Cómo no elogiar esa postura? Una lección heredada por uno de los grandes forjadores de una nueva patria. En 1970 entrevistado en la cárcel de Alajuela, Costa Rica, Carlos Fonseca Amador, proclamó su ascesis. Una nueva moral que perturbó el sueño de los insulsos. Preguntado sobre su manera de ser, respondió al periodista, soy asceta y lo siguió siendo hasta su muerte. En esa fragua fueron forjados sus primeros seguidores, alto pedestal para iluminar el camino y al caminante.

Galeano escudriña a fondo la historia, el 8 de octubre Nicaragua alcanza a colarse en Los hijos de los días, concentra su mirada en Los tres, como llama a las proezas del Che, Emiliano Zapata y Augusto César Sandino. Las coincidencias les hermanan. En 1919 Emiliano Zapata fue acribillado en México, en 1934 asesinaron a Sandino en Nicaragua y en 1967 cayó prisionero el Che y luego fue asesinado en Bolivia. Los tres, recuerda Galeano, tenían la misma edad, estaban por cumplir cuarenta años. Los tres cayeron a balazos, a traición, en emboscada. Los tres latinoamericanos del siglo veinte, compartieron el mapa y el tiempo. Los tres fueron castigados por negarse a repetir la servidumbre. La consecuencia de sus actos, palabra comprometida, palabra cumplida, sigue siendo recordatorio permanente. Son los abanderados de los humillados y vencidos. Tienden un puente que viene desde América del Norte, pasa por América Central y se extiende hasta América del Sur. Gesto y gesta se acoplan, son hermanos siameses.

Los medios y sus artífices figuran como modeladores de la historia, Galeano brinda otra versión del nacimiento del cine y quién y para qué creo la opinión pública, relata la historia de Tarzán, destaca que Rupert Murdoch fue lector aventajado de Marx y Lenin, pone sal al nacimiento de las caricaturas políticas, abre el cerrojo al primer vampiro, para sentirse descorazonado con las vampiritas y vampiritos cursilones de Hollywood, redime su deuda con Emilio Salgari y realiza una lectura diferente de la invasión de los marcianos a Estados Unidos, dramatizada por Orson Welles. Visibiliza a decenas de mujeres invisibilizadas por los traficantes de género. Devuelve su honra a las putas mancilladas. Ofrenda sendos tributos a Rosa Luxemburgo, Doria, Camille, Louise Michell, Matilde Landa y Rosa Darks, al ubicar sus luchas en justa dimensión. Los hijos y los días muestra la otra cara de la historia vetada por juiciosos escribanos al servicio de intereses oficiales y oficiosos. Un calendario refractario al elogio fácil y dulzón.
   





 






domingo, 9 de diciembre de 2012

Las culturas en el centro de la disputa



“… la increíble máquina americana de fabricar
 imágenes y sueños, la máquina del entertainment
 y la cultura que se convierte en mainstream
Frédéric Martel

La impetuosidad con que irrumpen los discursos dando la bienvenida a la inmaterialidad de las palabras dispara los análisis en su defensa. Lo criticable es la omisión y olvido. Para los que ahora levantan el espantajo de los cambios que provoca internet en las maneras de pensar, conviene recordar las tesis de Jack Goody. En La domesticación del pensamiento salvaje (1977), plantea que “todo cambio en el sistema de comunicaciones tiene importantes efectos en los contenidos transmitidos”. La escritura afecta los modos de pensamiento. Condiciona y permea los procesos cognitivos. Con internet asistimos a un proceso más amplio de modificación en las maneras de recopilar, tratar y difundir la información y el conocimiento. El recorrido completo que realiza Armand Mattelart en Historia de sociedad de la información (2007), resulta ilustrativo y desacralizador. Jamás pierde de vista las distinciones que en su momento establecieron los estudiosos, entre información y cultura. Una distinción que ha venido adelgazándose con el desarrollo de las máquinas inteligentes, fueron convertidos ahora en conceptos intercambiables por estos especialistas.

El camino ha estado erizado de contradicciones, recuperaciones y equivalencias entre información, saber, conocimiento, cultura, comunicación, al extremo que la información ha subsumido a la cultura para los acólitos de la sociedad de la información. Lo dramático ha sido asimilar información con “un término procedente de la estadística (datal datos) y a no querer ver la información sino allí donde hay un dispositivo técnico”. En este ámbito sobresale Marshall McLuhan. La historia de la humanidad para el canadiense ha sido configurada por las tecnologías de comunicación. Sus concepciones acerca del carácter indisociable de forma/contenido se resume en El medio es el mensaje, expresión recuperada por Manuel Castells en Comunicación y poder (2012), haciendo hincapié a las luchas sostenidas en diversas partes del mundo: La red es el mensaje: los movimientos globales contra la globalización capitalista. La razón fundamental para asomarse al texto de Mattelart es que jamás pierde la perspectiva histórica ni cae postrado ante la seducción que suscitan las tecnologías.

Existe una especie de gratuidad al encomiar los alcances de los cambios tecnológicos, haciendo caso omiso de los estímulos que los propician. Una abstracción que conduce a no tener nada que oponer al nuevo rediseño geopolítico mundial, donde la cultura constituye la baza de todos estos encontronazos, propalados por el despliegue capitalista a nivel planetario. El énfasis se ha centrado en destacar la creciente supremacía de la imagen sobre la palabra. Una realidad que olvida las consideraciones de los paleontólogos. Con esmero se dedicaron a escarbar y constatar “que los primeros trazos humanos apoyaban recitaciones verbales, que la imagen y la palabra aparecieron conjuntamente en la historia de la especie. Y los psicólogos –añade Régis Debray- lo han demostrado en el individuo: la adquisición del lenguaje en el niño se produce al mismo tiempo que la comprensión de la imagen visual”. (Vida y muerte de la imagen- Historia de la mirada en occidente, (Paidós, 1994). Estas consideraciones no pueden obviar una de las pretensiones más persistentes de la humanidad: la uniformación del mundo.

Entramos de lleno a un envite geopolítico, coinciden teóricos y críticos de la sociedad de la información. Unos lo plantean de manera desencantada. Los límites del discurso de Mario Vargas Llosa resultan evidentes. La civilización del espectáculo (2012) peca al creer que nada queda para afrontar el despliegue inmensurable de una civilización que envilece y banaliza todo lo que toca. Política, religión, cultura, sexo, erotismo y arte están estallando en pedazos. La justeza de su requisitoria se pierde al no aventurar ni proponer salidas. Una interpelación valiente se pasma al no ver luz en la hora que nos encontramos. En eso difiere Omar Rincón. El colombiano apunta que la comunicación mediática está inventando su propio modo de vida, entretenido y efímero, su propio sujeto cultural, individualista y exhibicionista. Anticipó a Vargas Llosa al sostener igualmente que asistimos al dominio de lo débil y lo leve. Su libro Narrativas mediáticas (2006), contiene vivacidad, transpira optimismo, su objetivo radica en comprender cómo funciona el entretenimiento con la intención de transformarlo. Critica y propone. Ofrece respuestas.

En esta misma línea de pensamiento se inscribe Gilles Lipovetstky, encuentra en
la moda una salida. Su propuesta metodológica en El imperio de lo efímero (1990), nada a contracorriente de los juicios que han reducido su surgimiento y expansión en un asunto meramente clasista. Sin perder de vista también que vivimos en sociedades dominadas por la frivolidad, atina a preguntarse ¿debemos reconocer en ello el signo de decadencia del ideal democrático? Recurriendo a las paradojas muestra sus tesis. “Cuanto más se despliega la seducción, más tienden las conciencias a lo real; cuanto más arrebata lo lúdico, más se rehabilita el ethos económico, cuanto más gana lo efímero, más estables son las democracias, menos desgarradas, más reconciliadas con sus principios pluralistas”. Contradiciendo las posiciones de Vargas Llosa, autor que el peruano cita en su libro, sostiene que una era que funciona con la información, con la seducción de lo nuevo, con la tolerancia, la movilidad de opiniones, prepara –si sabemos aprovechar su buena tendencia- los trofeos del futuro.

En el vértice de las transformaciones, la Cultura Mainstream ha pasado a ser dominante. Una cultura que tiene en las tecnologías de la información sus palancas propulsoras. Su centro de irradiación está localizado en Estados Unidos. El presente está marcado por el ascenso de los intercambios de los contenidos mediáticos y culturales. Contrario a lo que podría esperarse, la hegemonía norteamericana, apunta Frédéric Martel,  está siendo confrontada por los países emergentes. Se trata de una guerra por los contenidos. Coincidente con Mattelart señala que presenciamos una guerra de conquista entre los países dominantes y países emergentes por asegurarse el control de las imágenes y los sueños de los habitantes de los países dominados que no producen bienes culturales. Entre los cuales debemos incluir Nicaragua. Aún cuando las máquinas son determinantes, la cultura ocupa la centralidad de estas batallas. “La globalización e internet reorganizan todos los intercambios y transforman a las fuerzas contendientes. De hecho, redistribuyen las cartas”.  Sería un contrasentido dar de baja a la historia cuando más se requiere de sus enseñanzas. 





lunes, 26 de noviembre de 2012

Los jueves era el día



La mecanización produjo transformaciones sustantivas en las rutinas de la ciudad de Juigalpa. Los jueves dejaron de ser los días más dinámicos en la comercialización del queso, huevos y mantequilla, en una economía basada en la explotación pecuaria. Decenas de ganaderos bajaban ese día a la ciudad a vender sus productos y a comprar todo lo que necesitaban para sus fincas. Desde muy temprano el paisaje adquiría otra dimensión. Los campesinos venían a rematar sus productos desplazándose sobre sus cabalgaduras. Algunos transportaban el queso y la mantequilla en zurrones de cuero crudo encajados en bueyes mansos, jalados por sus dueños para realizar sus ventas, principalmente donde don Toño Guerra, Mercedes Marín y Carlos Guerra Colindres. El negocio de los compradores era doble, finqueros y campesinos, ahí mismo adquirían zapatos, focos, baterías, cigarrillos, fósforos, telas, vasos, hilos, agujas, azúcar, café, arroz, aspirinas, mejorales, etc.

Los cambios empezaron en el último tercio del siglo pasado. La oferta comenzó a disminuir sensiblemente. Compradores llegados de Masaya invadieron los nichos tradicionales. En sus camiones y camionetas se adentraban en la montaña para comprar el queso y la mantequilla. Salían al encuentro de estos productos, no tenían que esperar los jueves para realizar sus transacciones. El sociólogo guatemalteco, Mario Monteforte Toledo, explica que la migración provocada por los cultivos estacionales, algodón, café y caña de azúcar, se convierte en factor de progreso. Los campesinos que se desplazan hacia la recolección y cortes de estos productos entran en contacto con una economía de mercado, con sus altas y bajas, tienen acceso al agua potable, letrinas y medicinas. Al regresar a sus lugares de origen importan nuevos hábitos, otras costumbres.

Los camiones y camionetas agilizaron la comercialización, convirtiéndose a la vez en factor de desarrollo y crecimiento. En poco tiempo algunos finqueros adquirieron sus propios vehículos. La pavimentación de la carretera al Rama iba adelante. La pléyade de compradores se adentraba hasta Villa Somoza y Santo Tomás, otros lo hacían hasta Muelle de los Bueyes. Los jueves dejaron de ser los días de mayor dinamismo local. Su incidencia en el comercio comenzó a sentirse. El liderazgo ejercido por don Toño, don Mercedes y Chale Guerra, entró en picada. Los efectos sobre el resto de actividades económicas fueron contundentes. Era tanta la importancia de los jueves -se comercializaban los productos lácteos- que ese día estaba reservada la presentación de una de las dos mejores películas que exhibía durante la semana el Cine Juigalpa, la otra quedaba para el domingo.  

Campesinos a caballo en Soná, Panamá
La presencia de montados empezó a declinar y los campesinos ataviados con sus camisas rojo encendido, verde intenso, amarillo puro, sin duda precursores de colores llamativos impuestos después por los grandes firmas internacionales, dejaron de bajar al pueblo con la rigurosidad que lo hacían semana a semana. ¿Cuánto deben las firmas Givenchy, Lacoste, Polo, Perry Ellis, Oscar de la Renta, Gabana, a ese gusto y predilección desmesurada que sentían por los colores chillantes? Nosotros, los citadinos, en una ciudad que no ha dejado de ser semi-rural, reíamos a carcajadas cuando los veíamos entrar a Juigalpa con esas ropas que incendiaban el día. Eran presa de burlas. Por extensión quienes se vestían de manera parecida, eran llamados despectivamente “jinchitos”. ¡Cuánta sorna solo para que luego vinieran grandes modistas y modistos a reivindicar sus preferencias! 

Juigalpa había entrado desde entonces a una nueva dinámica. Los tres hoteles de la ciudad vivían de las visitas frecuentes que hacían los vendedores de telas y pastillas milagrosas. Nadie cuestionaba que los llamaran Turcos, ni siquiera ellos mismos. Los visitadores médicos y los vendedores de pastillas milagrosas se hospedaban donde Mama Güicha, en el Hotel Imperial, los turcos preferían el Hotel Virginia de doña Virginia Lazo o el Hotel Gloria de doña Sofía Whiltford. En el sector este del Imperial tenía su cueva Esteban, conductor de la camioneta de la Mejoral. Esperábamos ansiosos su llegada. Sobre las paredes del Imperial o en casa de doña Ninfa Moncada presentaban películas de Tarzán, el hombre mono. Su grito espectacular una mezcla de gorilas, hienas, camellos, violines, sopranos y tenores, obra de Douglas Shearer, testimonia Eduardo Galeano en Los hijos de los días, (2012). Era día de fiesta en la provincia ganadera. Centenares de niños y jóvenes veíamos embobados la película. Con la Mejoral ocurrió algo similar, sin darnos cuenta su presencia desapareció para siempre.

La comidería más famosa en Palo Solo era de doña Manuela Carazo; los jueves decenas de caballos se apostaban en su acera, mientras sus dueños bebían sopa o degustaban sus guisos. Pared de por medio quedaba el estanco de Dora Flores. El comedor de doña Manuela de una sola mesa y dos grandes bancas obligaba a los campesinos sentarse uno al lado del otro, poner los sombreros bajo sus pies y después cada quien pedía lo suyo. Unos pasaban antes por donde la Dora, tomándose su aperitivo, un doble de guarón. Las gallinas guineas de doña Minar Cruz, alborotaban el ambiente. Subidos en el palo de jícaro las veíamos caminar airosas regreso a casa luego de depositar sus huevos. El panorama cambió con el nombramiento de Chale Guerra como Alcalde, donó parte de los terrenos al Clan Intelectual de Chontales para la construcción del Museo Arqueológico y la instalación del Zoológico Thomas Belt.

Juigalpa siguió poblándose de jeep, carros y camionetas. Los pequeños hostales resistieron hasta donde pudieron los embates de la modernización. Mama Guicha fue quien mejor capeo el vendaval. Nadie heredó las artes de doña Manuela, mi vecina entrañable, cuyas manifestaciones de afecto sigo extrañando. Un día antes de mi cumpleaños, siendo apenas niño, que es cuando vale ser objeto de distinciones, se asomó por el muro trasero de nuestra casa. Me preguntó, ¿qué te gusta más, el pato o la gallina? Sin saber de qué se trataba respondí, el pato. El 24 de febrero tenía servido en mi mesa, un pato sazonado con su majestuosa su cuchara. Todavía sigo creyendo que esas artes las obtuvo de algún chef chino llegado a Juigalpa sin que nadie lo supiera. Solo ellos saben cocinar el pato como lo sabía hacer doña Manuela, en aquellos años que los jueves marcaban los rumbos de Juigalpa. 

lunes, 19 de noviembre de 2012

¿Desaparecerán las metáforas literarias?




“El objeto disco y el objeto libro
desaparecerán, pero con ellos desaparecerá
también la idea misma de libro y de disco”

Frédéric Martel

 ¿A qué se deberá la resistencia a ultranza de los escritores ante el anuncio de la desaparición del libro? Igual preocupación deberían compartir quienes están al frente de la radio, la televisión y la prensa. Los agoreros de los cambios introducidos por Internet, igualmente apostillan que el blog, el post, el hipertexto y lo colaborativo anuncian el final de los medios de comunicación tradicionales. ¿Cuánto tiempo se requiere para que estas cosas ocurran? ¿Estamos a las puertas de estas mudanzas o tendremos que esperar algunos años? ¿En qué nuevos formatos escribirán sus textos los nuevos escritores? Las trompetas anunciando el fin de la historia, la política, las ideologías y los medios hacen coro a estos presagios. Daniel Bell fue el primero en alzar la voz de alarma. A principios de los sesenta del siglo pasado certificó sin rubor el final de la ideología. Treinta y dos años después Francis Fukuyama dio la buena nueva: la historia llegaba a su final. El endismo o finalismo se convirtió en una especie de prêt-à-porter y lo sigue estando.

Los estremecimientos provocados por las remecidas de la prensa escrita convalidan  algunas certezas. El libro electrónico camina altivo por el anchuroso universo de las autopistas de la información y el desplazamiento de los diarios, la televisión y la radio hacia la red evidencian estos cambios. Las jaquecas aquejan debido a que también se ha prescrito el final de las palabras con el advenimiento de la imagen. Un tema apasionante que concita rencores y nostalgias. Nuevas formas creativas meten por caminos insospechados a las metáforas literarias. Las diferencias advertidas por Daniel Pennac en Como una novela (2004), son una verdad incontrastable. Los novelistas rusos, esos creadores grandiosos y opulentos, maestros en narrar y describir, pienso en Fedor Dostoievski y León Tolstoi, no tenían otra opción. Eran prolijos y detallistas. Solo bastan treinta segundos para mostrarnos la belleza de Macao, en la toma nocturna que aparece en Skyfall, película conmemorativa de los cincuenta años (1962-2012) del Agente 007 James Bond.   

¿Acaso con la aparición de la imprenta no ocurrieron iguales espantos? La ampliación de la memoria con la impresión y reproducción de los libros, causó temblores en el estamento clerical. Sonaron las cacerolas y la preocupación que pudiesen imprimirse textos ajenos a su influencia. El Índex fue la enorme muralla que levantaron contra los infieles. La aparición de nuevas técnicas reproductivas siempre ha propiciado transformaciones en la recolección, reproducción y circulación de la información y el conocimiento. Las formas de escritura cambian cuando los soportes técnicos son modificados. La creación de la radio abrió paso a otras formas de redacción, igual fenómeno aconteció con la llegada de la televisión. Con cierto deje melancólico hubo entonces quienes certificaran la defunción definitiva de los periódicos y diarios. Nadie les auguraba mayor vida. Acongojados algunos se resistían a dar pábulo a estas afirmaciones.

En breve tiempo asistimos al relevo y síntesis en el proceso de redacción e impresión de diarios y revistas. Somos los herederos y usufructuarios de estos cambios. Los peligros que se ciernen en el presente fueron sufridos por las generaciones precedentes. Las PC suprimieron al levantador de textos, luego a los armadores y correctores. El tratamiento fotográfico cambió. Esto solo fue ayer. Cualquiera puede hoy escribir, diseñar, formatear e imprimir su libro. Un avance asombroso. La llegada de la imagen impresa fue el preludio. Las imágenes al principio solo cumplían funciones ilustrativas, las letras dominaban el texto. El proceso inverso empezó a vivirse con el despliegue de imágenes y fotografías. La televisión con su chorro de imágenes inició su reinado. Modificó el concepto de noticia, tiempo y espacio fueron redefinidos. La aparición del cine había provocado iguales espasmos. El multimedia anuncia un nuevo amanecer. Estamos frente al Ser digital (1995) garabateó Nicholas Negroponte. El mundo informático está conformado por bits.

El regreso a la oralidad, su venganza sobre la palabra, ¿será también una cuestión efímera? No lo creo. El hecho de que cualquiera puede manipular los libros, añadirles, suprimir y reescribirlos, no implica el final de los escritores. ¿Cuánto tendremos que esperar para que ambos mundos se reconcilien? Por muy dúctil y expresiva que sea la imagen, por mucho que hayan manifestado algunos escritores que parten de la imagen para dar paso a su imaginación delirante, su traducción requiere de un acto de prestidigitación. Como sostiene Sergio Ramírez, “la realidad virtual no será nunca la literatura. El acto mágico de escribir, de transformar la imaginación en palabras, no tiene sustitutos mecánicos ni electrónicos”. No hay que desencantarse demasiado pronto. A través de la palabra tres grandes de América, Whitman, Darío y Neruda, norte, centro y sur del continente, crearon su universo encantado. Sus imágenes fulgurantes fueron talladas a base de palabras.

¿El nuevo esquema civilizatorio será tan radical que por primera vez en la historia la humanidad desaparezca una de sus más grandes creaciones? El ser humano necesita imaginar. El cine se ha visto compelido a crear e imaginar universos fantásticos. Tampoco voy a detenerme a discutir las diferencias esenciales existentes entre imaginación y fantasía. Ejemplifico. Los poetas y escritores de ficción imaginan, los Estudios Disney fantasean. ¿Algún día los enamorados darán de baja a Veinte poemas de amor y una canción desesperada? ¿Estamos imaginando excesos para no incurrir en nuevos desvaríos o estamos siendo lo suficientemente previsores? Para componer una canción además de imaginar debo traducirla a un lenguaje común. La sonoridad posibilita llevarla a los signos del pentagrama o bien escribirla para compartirla con los músicos, arreglistas y miembros de la orquesta. Uno viene a ser el universo pitagórico, su inmaterialidad y otra la manera de concebir la imagen.

Es posible que en vez de escribir tarareen la canción. Esto supone recurrir a la onomatopeya, una figura literaria. León Felipe, adelantó que él no sabría decir lo que dijo el primer filósofo, pero estaba convencido lo que dijo el primer poeta: ¡Hay! exclamó adolorido. “Para mi corazón basta tu pecho, /para tu libertad bastan mis alas”. ¿Cómo sortear estos dos versos con los que se acercan los enamorados del mundo para conquistar a sus novias? “Me gustas cuando callas porque estás como ausente, /y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. /Parece que los ojos se te hubieran volado/y parece que un beso te cerrara la boca”. El diálogo mal planteado en el Siglo XVIII, entre los derechos del ciudadano y los derechos del corazón, tiene que replantearse. En la encrucijada que vive la humanidad, la apuesta debe ser sumar y no dividir. ¿Cinco siglos serán devorados por la imagen? No lo creo ni imagino. ¡Abramos paso a los cambios! Se precipitan a la velocidad de la luz, no por eso debemos dejar de ser críticos. Urge serlo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Las palabras, ¿están de baja?



“...  la humanidad vive ahora una vida simultánea desde
un extremo al otro de la Tierra, divinamente omnipresente
 gracias a su propia potencia creadora. Y en virtud de su triunfo
 sobre el tiempo y el espacio, constituiría hoy una magnífica unidad
 si no la confundiesen una y otra vez la manía fatal de malograr
 incesantemente esa grandiosa unidad destrozándose a sí misma
con los medios que le ha facilitado el dominio de los elementos”.

Nuevos momentos estelares de la humanidad
Stefan Zweig

Con el auge y predominio de los medios audiovisuales, con su abanico esplendoroso, dando paso a la imagen visual, elevándola a los altares, muchos desencantados retroceden ante su avance arrollador. Sienten que la palabra escrita está herida de muerte, puesta en el quirófano, no hay quien la salve. En el otro extremo los nostálgicos lloran a su orilla. A la defensiva sufren sus estertores como un hecho a la vuelta de la esquina. Los optimistas de siempre ven en las nuevas tecnologías posibilidades infinitas de expresión. Cada lector un escritor, claman alborozados. Desde sus trincheras aprecian el fenómeno desde una sola una perspectiva. Los adelantados como Mc Luhan, para certificar la muerte del homo gutenbertiano, tuvieron que valerse de la palabra impresa. En el presente siglo, que celebrará con júbilo el advenimiento del libro electrónico, los adherentes a esta propuesta, como el mexicano Jorge Volpi, exponen que estas mudanzas conducirán a transformaciones radicales en la lectura y transmisión del conocimiento.

Todo cambio o transformación provoca desencuentros. La magnitud y trascendencia de estas batallas homéricas, obedece a que los panegiristas del libro electrónico sostienen que hoy en día cualquiera puede ser escritor. Atrapados en la vorágine de la seducción y encantamiento de la civilización contemporánea, el vuelco más significativo consiste en no interpelar al presente. El entretenimiento convertido en norma dominante, aleja los cuestionamientos éticos y los compromisos políticos. Las ventajas que ofrece el libro impreso son similares a las que oferta el libro electrónico. Uno puede adelantar las páginas o retroceder el texto para releer los pasajes que desea incluir en su reseña bibliográfica. Donde las disparidades resultan evidentes es en haber dado de baja al macro relato, en la exaltación de la banalidad y las simplezas a que conduce muchas veces la brevedad del texto. Ante la opulencia del detalle llevada al límite por la imagen visual, la imaginación resiente estos embates. Todo queda servido  aunque cuentan con el recurso del suspense.

De seguir en este viaje en picada las formas de escribir seguirán variando. Los apologistas de la democratización del conocimiento, entre los cuales me apunto, no pueden eludir que esta esperanza continúa siendo piedra de toque en el universo de la palabra impresa y en el uso de los medios radiales y televisivos. Las alabanzas y alarde de entusiasmo ante la democratización de la lectura y escritura, seguirá siendo asignatura obligatoria, aun con las infinitas posibilidades que abre el uso de internet. La máxima aspiración de un mundo compartido, encuentra su muro de contención en la apropiación desigual en el reparto del espectro radioeléctrico. Con iguales promesas se anunció la inauguración del primer cable submarino en1866. Todos seremos iguales, rezaba el eslogan de sus gestores. Si el apetito se abre comiendo, la ración que ofrecen las computadoras regaladas a los pobres para iniciarles en el uso de las nuevas tecnologías, más bien angosta el estómago. La línea divisoria entre info-ricos e info-pobres constituye el más formidable recordatorio del camino por donde transitamos.

El cierre de la edición impresa de Newsweek anunciada para el 31 de diciembre de 2012, produjo melancolía y fue una campanada recordatoria para quienes persisten en seguir editando sus diarios en papel. La tardanza obedece a que los dueños de estos emporios mediáticos no saben cómo lograr que la publicidad migre hacia las redes en la misma proporción disponible para sus ediciones impresas. Desean mantener iguales ganancias. El problema de fondo radica en que nadie ha encontrado la fórmula para que esto ocurra. Las contradicciones en este ámbito se cerraron a favor de quienes ven abaratar sus costos con el uso de las redes. No hay otra preocupación. Las  objeciones sobre las implicaciones y significado de los libros electrónicos persisten entre los escritores. Los argumentos más débiles de quienes se niegan a dar el paso, están referidas al tacto, su aspecto tangible y el olor a tinta que desprenden los libros recién editados. Comparto sus preocupaciones pero no olvido que las tabletas electrónicas son tangibles y pronto despedirán sus propios olores. Tendrán otra sensualidad.

Donde la argumentación resulta sólida es que las artes y las letras, como se entienden ahora, cuando el mercado decreta las bondades, su vida o muerte, los efectos están  resultando catastróficos para este mundo encantado y encantador. El brasileño Paulo Coelho ha sido elevado a la quintaesencia literaria. Los best-seller proliferan y se multiplican. Una enorme responsabilidad asiste a los medios en estas formas de apreciación literaria. Dictaminan con desparpajo que obra merece leerse y cual espectáculo debe mirarse. Gabriel Zaid hace sorna por la desfachatez y liviandad con que citan, elevan o menosprecian a escritores y artistas. Lo usual ahora es conocer al autor, no necesariamente leer su obra. Ir a la presentación de libros y departir un rato con los amigos. Con la creciente individualización a la que asistimos, importa más conocer su vida, sus pecadillos grandes o pequeños, a la usanza de las revistas del corazón, que lidiar con sus obras. Vienen a indagar cuando nací, pero no conocen ni un solo poema mío, me confesó perplejo el poeta Pablo Antonio Cuadra. 

No debemos fiarnos cómo piensan algunos -estas reyertas carecen de importancia alegan cansados- porque de su desenlace depende en gran parte el rumbo que tomarán las artes y la literatura. No es que las palabras estén de baja. Ni se trata simplemente registrar que las imágenes se multiplican al infinito. Estamos en un punto de inflexión donde el debate planteado cuenta. Si las formas impresas fuesen cosa del pasado, ninguna institución educativa se interesaría en poner en línea las obras de los más grandes escritores. No nos distraigamos con estas escaramuzas. Los desafíos tienen otro carácter. ¿Cómo hacemos para que los jóvenes distingan información de conocimiento? ¿A qué estratagemas recurrir para hacerles comprender la importancia de la lectura? Tenemos que replantear el dialogo. La pleitesía que se rinde a la ciencia no debe ser en menoscabo de otras sensibilidades y maneras de percibir el mundo. No se trata de oponer una forma a otra. En nuestras manos está resolver la ecuación de tal manera que la gran literatura y el gran arte persistan para siempre. 

jueves, 8 de noviembre de 2012

¿Qué implica ser héroe?



A Violeta Barrios de Chamorro
Estoy convencido que en algún recodo de sus vidas las nuevas generaciones de nicaragüenses se preguntaran cuáles son los méritos para que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal haya alcanzado la estatura de héroe nacional. Las motivaciones podrán ser diversas, pero la respuesta es una. No dos ni tres. Comprometió su vida a favor de una Nicaragua libre de corrupción, torturas,  enriquecimiento ilícito; con división de poderes, libertades públicas, justicia social,  pluralismo político, libre juego de ideas y opiniones, libertad sindical, mejoría salarial, supeditación del poder militar al poder civil, alfabetizada, con compromiso ético, distribución equitativa de la riqueza, transparencia en el conteo de los votos, imparcialidad en la impartición de justicia y alternabilidad en el ejercicio del poder.

Doy por sentado que las y los nicaragüenses comulgan con todos estos principios. Las circunstancias histórico políticas empujaron irrevocablemente a Pedro Joaquín a involucrarse desde siempre en la lucha emprendida por millares de nicaragüenses por  verse liberados del oprobio de la dinastía somocista. Mientras muchos claudicaron seducidos por las mieles ofrecidas por el somocismo a cambio de su capitulación, Pedro Joaquín mantuvo en alto las banderas de la dignidad y el decoro. Tenía presente la rebeldía del héroe de  las Segovias, a quien rendía honores a través de las páginas del diario La Prensa. Supo diferenciar el diálogo de los pactos y componendas, que históricamente han terminado en reparticiones de cargos y sinecuras a espaldas del pueblo. Un mal enquistado en la política nacional.

Inició su peregrinación política formando parte de la generación universitaria de 1944. Su compromiso a partir de entonces fue rectilíneo, sin dobleces ni ambages. Cuando sintió la necesidad de tomar las armas para derrocar a la dinastía, formó parte de la expedición de Olama y Mollejones en 1959. Antes padeció cárcel a raíz del intento fallido en abril de 1954 y nuevamente fue a parar a las ergástulas somocistas con la muerte de Anastasio Somoza García, el 21 de septiembre de 1956. Testimonio cabal de estas luchas son Estirpe sangrienta: los Somoza (1957) y Diario de un preso (1963). En Pedro Joaquín se da la conjunción del militante político y el periodista comprometido con la liberación de Nicaragua. Ambas facetas de su vida resultan indisociables. Su pluma estuvo al servicio de los intereses de los nicaragüenses.

En la hora definitiva, puesto en el fiel de la balanza, justamente lo que valoraron fue la entrega total y la consecuencia de sus actos, en una contienda librada en condiciones desiguales y sumamente críticas. Ni la cárcel, el destierro, las censuras, multas, acosos permanentes, cierres intempestivos del diario La Prensa, acusaciones de traidor a la patria, consejos de guerra, zambullidas en el pozo, metido en la jaula junto a los leones y panteras en el jardín de Casa Presidencial, hicieron variar ni un solo ápice su conducta política. Jamás se salió ni apartó un milímetro de la ruta que se había trazado. Sometido a todo tipo de vejaciones y escarnios nunca agachó la cabeza. Enfrentó cada tropiezo con hidalguía. Sin aspavientos ni concesiones onerosas que mancharan su limpia reputación. Los Somoza no pudieron doblegarlo. 

Entre 1948 que asume la codirección de La Prensa y 1962 que el somocismo lo somete una vez más a un proceso gubernamental, el recuento que hace de estos trece años de lucha, serían suficientes para percatarnos de su entrega sin pausas, con la intención que Nicaragua volviera a ser república. Aduce que “… no sabría decir cuántos –procesos- son los que llevo encima sin revisar un archivo. Calculo que entre pequeños y grandes no bajan de 10, los cuales han sido iniciados en mi contra por presidentes, generales, coroneles, tenientes coroneles, síndicos y hasta jueces”. En ese momento había pasado por juicios civiles y militares, Juzgados Locales y de Distrito, Cortes de Investigación, Consejos de Guerra, Tribunales Militares Revisores y Corte Suprema de Justicia. ¿Cómo no reconocer, díganme ustedes, la recta trayectoria de Pedro Joaquín?

Analizando la manera que dirigió La Prensa resulta fácil comprobar la forma que tejió una estrategia programática. Tal vez este sea uno de los aspectos menos estudiados en relación al sello personal que Pedro Joaquín logró imprimir al diario. Con la mirada puesta en el presente y futuro de Nicaragua, se entregó por completo a delinear los perfiles de un programa político que satisficiera a los sectores más necesitados. Paso a paso y de manera progresiva fue dando cuerpo a un conjunto de propuestas de carácter económico, político, educativo, religioso y cultural. Su propósito consistía en brindar salarios dignos a obreros y campesinos, realizar la reforma agraria, garantizar la libertad sindical, abolir los monopolios, impulsar programas de viviendas para los pobres, diseñar políticas fronterizas y estricto respeto por los derechos humanos.

En un contexto donde se requería ajustar la prédica con la práctica, los salarios que pagaba La Prensa eran superiores al resto de medios. Se adelantó al Seguro Social en Nicaragua, estableciendo servicio médico para los trabajadores, distribuyó utilidades y les apoyó en la creación de la Editorial Artes Gráficas. Durante los dos últimos meses de su vida, a tono con el carácter de la lucha emprendida, siguió desenmascarando al somocismo. El 18 de noviembre de 1977 su editorial Detrás de la sangre, fue contundente, acusó al régimen del último Somoza de estar detrás del negocio de plasmaféresis. El 25 del mismo mes le iniciaron otra persecución legal, citando también a Pablo Antonio Cuadra y Danilo Aguirre Solís. La Prensa era nuevamente sometida al acoso implacable del Ministerio de Gobernación.

Se anticipo a denunciar que Anastasio Somoza Debayle trataba de alargar el inicio del Diálogo Nacional con la intención de oxigenar su gobierno, buscando como mantenerse en el poder. El 30 de diciembre de 1977, diez días antes que sicarios a sueldo segaran su vida, subrayó que el somocismo era hijo de la violencia impune. Pedro Joaquín enfatiza que fue a través de este método que usurparon el poder. El recuento es extenso, aunque incompleto. “Ocupación por la infantería de Marina, muerte de Augusto C Sandino, golpe de Estado al Dr. Sacasa, golpe al Dr. Arguello, ruptura del orden constitucional en 1972, masacre de Wiwilí, masacre Mina La India, masacre de Brasil Grande, masacre del 23 de julio, masacre del 22 de enero, masacre de Pancasán y la masacre actual, con centenares de campesinos desaparecidos, muertos o metidos en campos de concentración”.
Con optimismo renovado, pese a saber que el somocismo había decretado su muerte, como deja constancia en su Diario político (1990), desea que en 1978 los nicaragüenses cuenten con una organización capaz de limpiar toda podredumbre, añadiendo que “no importa que haya pasado tanto tiempo, porque como dijo alguien recientemente, el tiempo de los pueblos es la historia, y se ve claramente que los augurios de ésta, han cambiado para los nicaragüenses”. Su vida es un testimonio de entereza. La distinción de héroe nacional fue otorgada a Pedro Joaquín por entregar su vida sin esperar recompensas. Como él mismo advirtiera, llevaba inscrito en su cuerpo y en su alma, el gran reportaje de todos esos años de lucha contra la corrupción y la injusticia, “un reportaje que se sigue haciendo y produciendo como la vida misma, el reportaje de nuestro tiempo y de nuestro pueblo”.